El fuera de juego semiautomático tiene su gran prueba en el Mundial

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Cuatro años después de la llegada del VAR al Mundial de Rusia 2018, los aficionados descubrirán en Catar una novedad: el fuera de juego semiautomático, que pretende agilizar las decisiones arbitrales y hacerlas más fiables.

La llegada de esta nueva herramienta tecnológica se anuncia con más discreción que la del videoarbitraje, que en los últimos años ha hecho familiar el gesto de simular un rectángulo que hacen los árbitros para revisar las jugadas. Las interrupciones en el ritmo de los partidos y las polémicas han acompañado su implantación a lo largo de los años.

A pesar de las voces críticas, la Fifa mantiene la misma lógica que ya emprendió en el Mundial de Brasil 2014, con la verificación tecnológica de que el balón ha cruzado completamente la línea de gol.

Fruto de «tres años de investigación y ensayos» y probada en la Copa Árabe a finales de 2021 y luego durante el Mundial de Clubes, la «tecnología de fuera de juego semiautomático» (SAOT) fue validada por el organismo rector del fútbol mundial a principios de julio.

La idea, adaptada por la Uefa para la Liga de Campeones, supera los límites del ojo humano, demasiado impreciso para establecer siempre la posición de los jugadores y del balón. Con ello se pretende afinar al máximo la línea que determina si se ha producido o no un fuera de juego.

«Ningún robot»

«Sabemos que a veces el proceso de comprobación de un posible fuera de juego lleva mucho tiempo, sobre todo cuando se determina en unos pocos centímetros», subrayó a principios de julio el italiano Pierluigi Collina, presidente de la Comisión de Arbitraje de la FIFA.

Aunque la tecnología de los fueras de juego semiautomáticos debería «permitir decisiones más rápidas y precisas», promete Collina -árbitro de la final de la Copa del Mundo de 2002- «no es, sin embargo, un fuera de juego robotizado». La decisión final corresponderá siempre a los árbitros y a los árbitros asistentes en el campo.

En el Mundial de Qatar-2022, este sistema utilizará doce cámaras situadas en el techo de los estadios y controlará «hasta 29 puntos de datos» por jugador, «50 veces por segundo», incluyendo «las extremidades y los miembros relevantes para el análisis de situaciones de fuera de juego», según detalló el organismo en julio.

Como todo depende del momento exacto en que el balón está en juego, un sensor situado en el centro de «Al Rihla», el balón oficial, envía datos «500 veces por segundo» a la sala de observación, iniciando así un proceso de dos pasos.

En primer lugar, con la ayuda de la inteligencia artificial, se transmitirá una alerta «en tiempo real» a los árbitros de vídeo «cada vez que el balón sea recibido por un atacante que se encuentre en posición de fuera de juego» en el momento del pase.

El ejemplo de Mbapp

A continuación, deben «comprobar manualmente» esta alerta, lo que no debería llevar más de unos segundos, antes de informar al árbitro principal, que toma la decisión final.

Una vez confirmado el fuera de juego, los mismos datos posicionales se traducirán en una animación en 3D «que detallará la posición de las extremidades de los jugadores en el momento en que se lanzó el balón». Se retransmitirá «en el mejor ángulo posible» en las pantallas del estadio y a disposición de las emisoras.

Sin embargo, es imposible automatizar por completo la detección del fuera de juego y eliminar la polémica: una vez que se tiene en cuenta la posición de los jugadores, queda por evaluar en persona si un adversario ha conseguido tocar el balón intencionadamente.

La controvertida validación del gol de Kylian Mbapp en la victoria de Francia contra España en la final de la Uefa Nations League de octubre de 2021 es un buen ejemplo: el delantero de «Les Bleus» estaba «en condiciones de jugar» a pesar de su posición en el intento de interceptación del defensa Eric García.

La Uefa consideró entonces que la decisión era «correcta» pero contraria al «espíritu del juego» y pidió que la regla fuera redactada de nuevo por la International Board (IFAB), el organismo responsable de las leyes del fútbol, un asunto que aún está en el aire.